El destino era Praga, Viena y Budapest y bueno, como nosotros somos de lo más tranquilo del mundo y cuando vamos de viaje no tenemos ganas de comernos demasiado la cabeza, nos fuimos con un viaje organizado de esos de todo incluido para no tener que pensar demasiado.
La gente de estos sitios es especial, la verdad que no los ves muy risueños por las calles, y si hay un grupo de españoles cerca (porque en las calles por la noche había casi más españoles que praguenses, vieneses o aquincenses (lo que da de si wikipedia…)) seguro que se nos nota quienes somos por varios motivos…
También estuvimos en la ciudad de Karlo Vivari, una ciudad balneario a unas 2 horas de autobús de Praga.
Además de encontrar unos paisajes maravillosos y unas vistas espectaculares desde lo alto de la ciudad, te encuentras con casas (bueno, más bien casones) que parecen sacados de los cuentos de hadas (enserio, a mi me pareció ver por ahí el castillo de la Bella Durmiente ;P).
La peculiaridad que tiene esta ciudad es que dicen que sus aguas son curativas, pero no solamente se trata de meterse a bañarse en ellas, la gente tiene que beber agua que sale de las fuentes a diferentes temperaturas (73 ºC la más caliente….), que curar no se si curarán, pero una limpieza te hacen seguro…
El siguiente destino fue Viena, donde encontramos entre otras cosas
una réplica de las casas de Villajoyosa. Todo el mundo se piensa que cuando llega a Viena lo que va a ver son magníficos palacios donde estuvo Sisí Emperatriz, pero no, además de eso y la Ópera hay algunas cosas más que ver (Aunque vaya tela con el Palacio de Verano de la Emperatriz…)
Nuestra sorpresa más grande al llegar a Viena fue el hotel, resulta que como al que íbamos estaba completo, nos cambiaron a otro recién montadito (a pesar de que alguna “solitaria” dijera que le parecía salido de Ikea) donde cada habitación era de un color y muy bien comunicado con el metro, vamos, una maravilla…
Pues bueno, en Viena, mientras la agencia daba la opción de ir a ver una concierto (que va a ser que no…), nosotros nos fuimos a pasear por la ciudad de noche, a ver que nos enseñaba. La verdad que si una cosas tenían estos sitios es seguridad, como bien dijo el guía “ya puede una niña de 16 años en bicicleta andar sola por el barrio de las putas a las 3 de la mañana, que no le va a pasar nada” y es que, aunque fuera mentira, como el guía te lo había dicho con tanta seguridad, más seguros que íbamos nosotros pensando que era verdad no iba nadie…
Lo más emocionante de esa noche, nuestra aventura para buscar la casa donde vivió Mozart durante algún tiempo ( y mira que a mi la música clásica… aunque bueno, como estaba en la guía había que ir a verlo…), pero no, la verdad es que pensé que la casa donde Schumann vivió durante 8 meses era más emocionante para ver que la de Mozart (¡dónde vamos a parar…! Jaja cosas que tiene el no saber leer bien una guía…)
En fin, al día siguiente visitamos por la mañana el palacio de verano de la señorita Sisi, un mini Versalles (todo el mundo quería un Versalles para ellos… ¡qué raro!). Pues eso, muy bonito, pero muy difícil de limpiar. Y los jardines… ¡Cómo se nota que por allí llueve mucho…!
Por la tarde, nos fuimos de visita por nuestra cuenta y claro, estando en Viena no podía dejar a mi chiquillo sin que viera el campo del Ernt Happel . Si es que ya lo decía el muro donde todo español que pasaba por ahí dejaba su huella “Con chorizo y salchichón, ESPAÑA CAMPEÓN!”. Pues bueno, con mi “estupendo” inglés conseguí que nos dejaran pasar dentro a echarnos unas foticos… Ays… la cara de mi chiquillo no tenía precio…
Después al Museo de Ciencias Naturales, a ver la Venus de Willendorf, que es una cosa muy pequeña (11 cm)... aunque si alguien entra a robarla, mejor que se asegure de que se lleva la correcta, porque el museo está lleno de réplicas...
Y después de la visita a Viena, el último destino era Budapest.
De este sitio poco que contar, porque la impresión que me llevé fue tan mala, que si el viaje hubiera sido a la inversa me habría dejado un mejor sabor de boca de la ciudad... No es que Budapest sea una ciudad fea (bueno sí, un poco) es que además está muy mal cuidada. El guía nos dijo que era una ciudad segura, pero por aquí no caminaba yo tan tranquila como por las otras dos. A cada paso que dabas, un borrachín tirado en el suelo, o alguien durmiendo entre cartones...
Pues bueno, que lo que nos llevamos de Budapest fue el Museo del Terror, que no sale en las guías, dedicado a cuando Hungría estuvo ocupada por los nazis y comunistas. Sobrecogedor sobretodo el viaje en ascensor que tienes que hacer para llegar a la planta baja del edificio (lugar donde están las celdas y salas de interrogatorio). Te montas en el ascensor y se te apagan las luces. Entonces, en la parte de atrás se enciende una pantalla donde uno de los encargados de limpiar aquel lugar te cuenta como trataban a los presos. Justo cuando termina de contarte como vivió el aquel infierno, el ascensor llega al suelo y se abren las puertas (chungo, chungo...).



