jueves 17 de enero de 2008

El otro lado de la sala...

Las cosas se ven distintas desde el otro lado de la sala.

Desafortunadamente, he tenido que pasar varios días acompañando a mi abuela en el hospital. Desafortunadamente porque a nadie le gusta tener a alguien a quien queires en estos sitios.
Una vez conoces como funcionan las cosas a este otro lado, no es fácil estar en la posición opuesta.

Se juega con mucha ventaja. Una vez conoces tus derechos, es fácil exigir, o más bien reclamarlos.
Pero siempre tocas con personas incompetentes, personas que van a trabajar por pasar el tiempo, y que no se dan cuenta de que en los hospitales, o en cualquier otro centro sanitario la gente no está porque quiera (quitando las cuatro o cinco personas de siempre que parece que les gusta vivir allí, porque como toda regla, tiene que haber su excepción).

Una de las cosas que menos me gusta de esto, es el secretismo con el que en la mayoría de las ocasiones suele tratarse el estado de salud de la persona que ingresa. Yo, por suerte, pude estar con mi abuela en todo momento, no hubo ni un solo instante en el que ella estuviera sola. Sin embargo, no ocurre lo mismo en el resto de los casos. Con suerte, te dejan entrar a ver a tu familiar cuando van a ingresarlo en observación para decirle que únicamente puedes verlo en las horas de visita. Y se hace duro, muy duro…

Por eso a mi me gusta ponerme mucha veces en el sitio de los paciente que acuden al centro de salud. No hay que olvidar que una de las primera cosas que te dicen cuando empiezas a estudiar esta carrera, es que no hay que olvidar la visión holística de las cosas, que siempre hay que ver el todo, y especialmente, saber que las personas tienen sus derechos, que muchas veces no los conocen y, ahí es donde entramos nosotros, en enseñarles que los pueden solicitar en el momento que lo precisen.

A nadie le gusta estar enfermo, y se supone que nosotras debemos estar ahí para cuidar, para enseñar, para hacer que esa persona pase su estancia en cualquier centro sanitario de la mejor forma posible.

Porque nunca debemos olvidar que, cualquier día, podemos ser nosotros los que estemos a ese otro lado de la sala de espera…