La vida está llena de desilusiones.Nos llenamos la cabeza de pajaritos, ponemos los listones tan altos que hace que sin darnos cuenta, o dándonos demasiada, caigamos de un sitio lo suficientemente alto como para no hacernos daño en la caída.
No me refiero a nada concreto.
Esto nos ocurre muchas veces, si no, ahí está el cuento de la lechera para hacernos poner los pies sobre la tierra.
Yo era mucho como la lecherita, me hacía un millón de ilusiones con las cosas, con las personas, con las situaciones, hasta que me di cuenta de que no puedes ir así por la vida, hasta que me di cuenta de que lo mejor era tener los pies en la tierra, no imaginar que vivimos en un cuento de hadas y que todo terminará con un “Y fueron felices y comieron perdices”.
O si no, lo mejor es esperar lo peor de cualquier situación. Si las cosas salen así de mal, perfecto, porque ya te habías hecho a la idea de que eso podía pasar y no te va a pillar desprevenido. Y si no es nada de lo que te habías imagino pues mejor, porque lo que viene es lo bueno y así no es un gran golpe.
Las cosas no siempre salen o no siempre son como nos gustaría a nosotros. Pero tenemos que resignarnos a que en la mayoría de los casos tienes que esperarlas a verlas venir.
Lo peor de todo es cuando caes una y otra vez en la misma situación y te metes en un bucle del que te es imposible salir, ¿pero qué hacemos?
Lo malo que tiene ser enfermera es que puedes ayudar mucho a los demás, y puedes cuidar mucho de las personas, pero no puedes hacerlo de ti misma, por lo menos, yo no puedo, o quizás es que no se hacerlo…

1 comentarios:
La vida no está llena de desilusiones. Es una desilusión en sí misma.
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